Cuando era adolescente, andaba en mis quince años mas o menos, un día un chico se me acercó y me hizo reír. No me parecía lindo, hasta que alguien me dijo que lo hacía porque yo le gustaba. Mi mundo cambió ese día.
Nunca pasó nada con él, lo cuál hoy me hace dudar mucho de los rumores de aquella época pero en ese momento no lo cuestionaba. No tenía tiempo porque interesarle a alguien era una distracción de tiempo completo que no estaba dispuesta a ceder. Y me gustó, creo poder decir que me enamoré de él pese a no ser correspondida porque no fue una atracción de uno o dos días, fue una obsesión de como 4 años.
Una vez este chico dijo que mi campera no le gustaba, así que la dejé de usar. Con mucha vergüenza por haber usado algo tan feo alguna vez. No la podía cambiar, no tenía otra campera ni mi familia tenía plata para comprarme otra. Ese fue un invierno muy frío para mi, mi autoestima desmejorado y mi ego herido.
Hoy la historia se repite. Él se interesa por mi, pregunta como estoy y cosas de mi vida y yo ya lo tomo como mi próximo gran deseo del corazón. Ni siquiera demuestra un interés romántico, sólo amistoso y ahí me tiene, a sus pies arrastrando mi ego lastimado con una soga por el pedregoso camino de la búsqueda de compañero que cada día me encuentra un paso mas lejos de donde quiero estar.
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