lunes, 12 de febrero de 2018

Recapitulación.

Cuando empecé este blog lo hice para recopilar esas entradas inspiradoras con la esperanza de leerlas y resignificarlas en el futuro. Soñé con escribir cada uno de mis aprendizajes, los felices y los dolorosos, las sensaciones, las nuevas, las viejas y las redescubiertas, soñé despierta con escribir sobre experiencias... y sin embargo acá estoy. Hoy no recordé ni siquiera como se llamaba este blog, pero curiosamente si recordé la ambigua sensación de sentirse solo y acompañado a la vez. Escribiendo para mi, por si alguien lo quiere leer.
Aprendí muchas cosas desde la última vez que escribí acá. Algunas las descubrí sola, otras necesité que me las explicaran. Entendí que las personas más sabias tienen las sonrisas más grandes porque no cargan con el peso de lo que ignoran, y saben que el mundo depende de alguien más. Aprendí que uno es artífice de su propio destino, pero la compañía divina y terrenal suelen jugar papeles importantes en esa carrera.
Entendí mucho sobre el tiempo. Si es cierto que es relativo, pero usar solo una palabra para describirlo es casi difamatorio. Es precioso, perfecto y su creador recibe poco mérito por él cuando lo tratan de despiadado. “Después de todo, ¿qué son los días  y las semanas en presencia de la eternidad?”. Todavía lo creo. Tan fervientemente como la primera vez que lo leí, tan íntimo, tan mío que me creí con el derecho de compartirlo. Pero solo quien haya estado de manera consciente frente a la eternidad podría comprender lo que quiero decir.

Muchas cosas siguen siendo igual para mi. La rutina me  debilita la creatividad. La responsabilidad atenta contra mis ganas, la frustración hace mella en mi voluntad y mis limitaciones gobiernan mis capacidades. Lo que ayer me gustaba hoy permanece igual. Nadando con tortugas y yo cuento las horas hasta pascua para verlo una vez más. Un año más. Un recuerdo más.
Respecto de él tengo tantas anécdotas que a veces me pregunto si no estaremos destinados a estar juntos sólo para ser testimonio de algo. Mi vincha favorita tiene su nombre y el recuerdo de su voz diciendo princesa. Era una más hasta ese día, hoy es mi tesoro más preciado. 

En la actualidad sigo leyendo más de lo que veo, y sigo soñando más de lo que vivo. El conocimiento de infidelidades a mi alrededor penetró mi burbuja lo bastante fuerte como para sentir la sacudida, pero con un corte limpio que me permite sentirme incapaz aún de pertenecer a ese porcentaje.

Con esta recapitulación, me despido por ahora, hasta que una nueva exploración introspectiva me llame.

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