Aprendí muchas cosas desde la última vez que escribí acá. Algunas las descubrí sola, otras necesité que me las explicaran. Entendí que las personas más sabias tienen las sonrisas más grandes porque no cargan con el peso de lo que ignoran, y saben que el mundo depende de alguien más. Aprendí que uno es artífice de su propio destino, pero la compañía divina y terrenal suelen jugar papeles importantes en esa carrera.
Entendí mucho sobre el tiempo. Si es cierto que es relativo, pero usar solo una palabra para describirlo es casi difamatorio. Es precioso, perfecto y su creador recibe poco mérito por él cuando lo tratan de despiadado. “Después de todo, ¿qué son los días y las semanas en presencia de la eternidad?”. Todavía lo creo. Tan fervientemente como la primera vez que lo leí, tan íntimo, tan mío que me creí con el derecho de compartirlo. Pero solo quien haya estado de manera consciente frente a la eternidad podría comprender lo que quiero decir.
Muchas cosas siguen siendo igual para mi. La rutina me debilita la creatividad. La responsabilidad atenta contra mis ganas, la frustración hace mella en mi voluntad y mis limitaciones gobiernan mis capacidades. Lo que ayer me gustaba hoy permanece igual. Nadando con tortugas y yo cuento las horas hasta pascua para verlo una vez más. Un año más. Un recuerdo más.
Respecto de él tengo tantas anécdotas que a veces me pregunto si no estaremos destinados a estar juntos sólo para ser testimonio de algo. Mi vincha favorita tiene su nombre y el recuerdo de su voz diciendo princesa. Era una más hasta ese día, hoy es mi tesoro más preciado.
En la actualidad sigo leyendo más de lo que veo, y sigo soñando más de lo que vivo. El conocimiento de infidelidades a mi alrededor penetró mi burbuja lo bastante fuerte como para sentir la sacudida, pero con un corte limpio que me permite sentirme incapaz aún de pertenecer a ese porcentaje.
Con esta recapitulación, me despido por ahora, hasta que una nueva exploración introspectiva me llame.
No hay comentarios:
Publicar un comentario